Starmer se reunirá con Trump este jueves para discutir Ucrania y la OTAN
La postura de Trump respecto a Ucrania ha generado incertidumbre en la alianza transatlántica.
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El primer ministro británico, sir Keir Starmer, ha pasado meses cultivando una relación cordial con Donald Trump, el presidente estadounidense. Desde antes de la victoria electoral de Trump en noviembre, Starmer lo ha elogiado en reiteradas ocasiones, lo que el propio Trump ha calificado como “muy amable”. Ahora, en su visita a Washington, Starmer enfrenta su mayor desafío en política exterior: lograr que Trump abandone su postura confrontativa y garantizar el compromiso de Estados Unidos con la seguridad europea.
La urgencia en Ucrania
La postura de Trump respecto a Ucrania ha generado incertidumbre en la alianza transatlántica. Ha evitado compromisos claros, ha atacado al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y ha dejado a Europa fuera de las negociaciones de paz. Starmer sigue los pasos de Emmanuel Macron en su intento de reparar estos lazos antes de la visita de Zelensky a Washington.
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Tanto Gran Bretaña como Francia han liderado esfuerzos para establecer una posible fuerza de paz europea en Ucrania, pero este plan depende del respaldo de Estados Unidos. “Lo que está en juego no podría ser más importante”, advirtió Claire Ainsley, ex directora ejecutiva de políticas de Starmer.
El lunes, Trump declaró que “Europa se asegurará de que no pase nada” tras un eventual acuerdo. Sin embargo, Starmer ha insistido en que Europa no puede asumir sola esa carga y que el respaldo de Estados Unidos es esencial para disuadir a Putin. “Las garantías de seguridad estadounidenses eran la única manera de evitar que Putin atacara de nuevo”, afirmó en el vuelo a Washington.
Un puente inestable
El reto de Starmer es evidente: su visión del mundo y la de Trump son diametralmente opuestas. Mientras Starmer resalta la “relación especial” entre Reino Unido y EE.UU., Trump ha mostrado poco interés en mantener la estabilidad de Europa. En un intento por ganarse la simpatía de Trump, Starmer anunció un aumento del gasto en defensa del 2,5% para 2027 y del 3% para mediados de la próxima década. Esta decisión representa un gasto considerable y busca reforzar un ejército debilitado.
El enfoque de Starmer también se enfrenta a un problema doméstico. Varios miembros de su partido han criticado históricamente a Trump. En el pasado, el propio Starmer afirmó que el apoyo de Trump a Boris Johnson demostraba que Johnson “no es apto para ser primer ministro”. Además, la intervención de Trump en cuestiones como Gaza y Ucrania ha alarmado a los laboristas. “La diplomacia a través de Twitter no es la estrategia habitual para gestionar cuestiones geopolíticas complejas”, dijo un parlamentario.
El polémico acuerdo sobre las Islas Chagos
Otro punto conflictivo en la relación entre Starmer y Trump es el plan británico de ceder las Islas Chagos a Mauricio. Reino Unido busca garantizar el uso de la base militar Diego García por 99 años, pero Trump debe aprobar los términos del acuerdo. Según el exministro conservador Grant Shapps, este pacto es “una locura” porque podría facilitar la influencia china en la región. “(China) utilizará el territorio para expandir su influencia. Espiarán”, aseguró Shapps.
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Otros críticos, como Penny Mordaunt, han acusado a Starmer de permitir el avance del “presente colonial de China”. Incluso dentro del Partido Laborista hay escepticismo. Un diputado laborista manifestó: “Lo único que importa es lo que es mejor para nuestra seguridad nacional... no estoy convencido de que este acuerdo lo sea”.
La visión de Starmer es pragmática: busca mantener relaciones con la UE, mejorar los vínculos con China y garantizar el apoyo de EE.UU. a Ucrania. Sin embargo, la estrategia de apaciguamiento podría fallar si Trump decide ignorar sus peticiones.
Starmer ha reconocido que Trump ha “cambiado la conversación global” sobre Ucrania. Ahora, le corresponde al Reino Unido asegurarse de que esa conversación incluya la seguridad europea y el futuro de sus alianzas. Las conversaciones del jueves definirán si Starmer está construyendo un puente sólido o uno que no lleva a ninguna parte.